Tomó el vaso y apurando el último sorbo miró hacia el techo y posó el cristal sobre la mesa. A través de la ventana se oía el ruido del motor del coche que habría de llevarle lejos.
Cruzar la puerta sin mirar atrás fue fácil. Poner un pie en el coche y luego el otro no supuso grandes problemas. Parecía posible. Entonces un último vistazo a la casa y la imagen de ella dibujada tras las cortinas de la ventana fue suficiente para desgarrarle el alma profundamente, de dentro hacia afuera, como una criatura que trata de salir del interior abriéndose paso con sus garras.
Nadie dijo que fuera fácil.
El chofer miró hacia atrás. -No llore hombre, que todo en esta vida tiene solución.
-Por favor limítese a conducir.
-Está bien, lo siento, sólo trataba de ayudar. ¿Le parece bien si pongo música?
-Haga lo que le plazca-. Entonces comenzó a sonar "The Show must go on" y se sintió algo mejor.
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