Se lleve la noche tu aroma de niebla,
tu luz expresiva y las horas eternas.
Se lleve la noche tu boca que mengua
al contacto con la primavera.
Se vaya tu luz y al llegar el día
se quede tan solo la dulce agonía.
Se lleve la noche tu hiriente presencia
dejando el dolor de perderte en sentencia.
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