Dejó el vaso sobre la mesa y se levantó. Recorrió la distancia hasta la puerta cabizbajo y suspirando. Giró el picaporte, tiró de él con suavidad y sólo entonces levantó la cabeza, se giró hacia atrás y me miró a los ojos.
-Nunca creí que pudieras hacerme esto
-Nunca quise hacerte daño.-Le contesté- No te vayas.
-Y ¿Qué hago? ¿Me quedo aquí a ver cómo te bebes mi dignidad? Lo único que quiero es matarte, pero no soy como tú. No te daré esa satisfacción. Vivirás con la culpa de lo que has hecho.-Con estas palabras salió por la puerta y cerró de un golpe. Salí tras él.
-¡Tú no la amabas! Es culpa tuya, ¡Tú la dejaste marchar!
-¿Qué?-dijo girándose -Hubiera dado cualquier cosa por ella, tú lo sabes mejor que nadie.
-Y ¿Qué hago ahora?-Caí al suelo de rodillas -No puedo volver atrás en el tiempo, ¿Qué demonios quieres que haga?
-Púdrete
-Sólo era un juego, ¿recuerdas? Nuestro juego.
-¡Teníamos un código, unas normas!
-¡Tú mataste a tu padre! ¿Eso no fue saltarse las normas?
-¿Cómo? Sabes que aquello fue distinto, no fue por el juego.
-¡Ahí empezó el juego! ¿Ya no lo recuerdas? ¡Eres un hipócrita! Siempre lo has sido, ¿sabes lo que te digo? Vete, puedes irte a la santísima mierda si te place.
-¡Ana era mía! Era yo quien debía matarla. Su alma me pertenecía. ¡Yo la amaba más que tú!
-Está muerta, por mucho que discutamos no vamos a traerla de vuelta. En eso consiste el juego y lo sabes.
-Me da igual, ya no me importa el juego, la amaba, y no quería matarla. A la mierda el juego.
-Te has vuelto un débil, juramos que acabaríamos con todo el amor de nuestras vidas, juramos que seríamos miserables para siempre, que esa era nuestra felicidad, que jugaríamos con la muerte.
-Ya no quiero jugar más,-dijo entre sollozos. -Ahora quiero morir yo.- Sacó una navaja del bolsillo, se la puso en el cuello y me miró a los ojos. -A mí no podrás matarme-.
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