Una vista que define a una persona.
Si no a una persona, quizá sí a los sentimientos que muchas veces inspiran otras cosas. Una melodía, un suspiro, una lágrima...
En apenas unas horas esta vista desaparecerá para siempre de mi vida. En lo que tarda la Tierra en dar una vuelta sobre sí misma un par de veces la habré perdido. Y es ahora, después de tantos años cuando la echo de menos.
Si he elegido esta fotografía es porque está hecha exactamente desde donde cada día, o cada noche doy un vistazo furtivo cada cierto tiempo comprobando que todo sigue en su lugar. De día el sol me deslumbra. De noche a veces la Luna me acompaña, como en esta fotografía. Otras veces brilla por su ausencia. Y si está desenfocada la fotografía debo reconocer que no es casual. Quería que se pudiera apreciar la vista que en estos momentos se ve desde mis ojos.
Y esta vista es exactamente la que se aprecia desde esta silla. Esta vista es la que muchas veces detiene mi mundo para que observe el ir y venir de las luces cambiantes. Los semáforos, que aquí no se ven, tiñendo de verde o de rojo el instante correspondiente en casi perfecta armonía.
No es este un post donde vaya a encontrar belleza el incauto lector que hasta aquí haya llegado. Mis disculpas. Mi única intención era compartir una vez más, como tantas otras, lo que ven mis ojos y distrae mi mente antes de perderlo para siempre.
Tan solo un último vistazo.
Y grabarla en la retina para siempre, ya que la memoria me traicionará, como de costumbre...
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