Te veo en la distancia. Me acerco despacio. Me miras. Un brillo extraño en tu mirada. Te cojo de la mano, se te eriza el vello del brazo y tus dedos empiezan a jugar con los míos. Te sujeto el brazo y tiro con fuerza. Sonríes. Montamos en el taxi. El taxista cambia la música, suena
ambos nos miramos y comienza el festival de besos y caricias hasta que llegamos al punto de no retorno que es la puerta de tu casa. Muerdes mi labio mientras haces girar la llave y entras riendo y dejando la puerta abierta. Te sigo a la carrera subiendo la destartalada escalera. Cuando llego arriba ya has entrado y la puerta está abierta. Te busco por las habitaciones hasta encontrarte en la del fondo bajo las sábanas dejando asomar solo tu sonrisa perenne. De un salto me desvisto y te busco bajo las sábanas. Tú estás vestida y te ríes. Empiezas a acariciarme por todas partes mientras te voy quitando la ropa. Nos besamos una y otra vez y empezamos a combatir en una pugna de pasión que nos hace caernos... caerme de la cama. Despierto. Estoy solo y dolorido. Tu foto sigue sonriendo sobre la mesilla.
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