viernes, 28 de enero de 2011

Te veo en la distancia. Me acerco despacio. Me miras. Un brillo extraño en tu mirada. Te cojo de la mano, se te eriza el vello del brazo y tus dedos empiezan a jugar con los míos. Te sujeto el brazo y tiro con fuerza. Sonríes. Montamos en el taxi. El taxista cambia la música, suena
 ambos nos miramos y comienza el festival de besos y caricias hasta que llegamos al punto de no retorno que es la puerta de tu casa. Muerdes mi labio mientras haces girar la llave y entras riendo y dejando la puerta abierta. Te sigo a la carrera subiendo la destartalada escalera. Cuando llego arriba ya has entrado y la puerta está abierta. Te busco por las habitaciones hasta encontrarte en la del fondo bajo las sábanas dejando asomar solo tu sonrisa perenne. De un salto me desvisto y te busco bajo las sábanas. Tú estás vestida y te ríes. Empiezas a acariciarme por todas partes mientras te voy quitando la ropa. Nos besamos una y otra vez y empezamos a combatir en una pugna de pasión que nos hace caernos... caerme de la cama. Despierto. Estoy solo y dolorido. Tu foto sigue sonriendo sobre la mesilla.

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