Releyendo este poema de Gabriel Celaya escrito hacia 1976 empiezo a pensar en la actualidad del mismo hoy en día. Si bien este es un punto de vista amparado en la física en el que el autor se rebela contra la entropía (La tendencia al caos) como representación del fin de los tiempos. Podría aplicarse a la resistencia que oponemos hoy en día al devenir de las cosas, a madurar y agarrar por el asta a la vida. El tergiversado Carpe Diem que nos escuda para hacer las tonterías más grandes y creernos dueños y señores de nuestro propio destino.
Pero como dice aquí: "Vivimos en la hermosura de una enorme tontería provisional" porque el aprovechar el día presente debería ser nuestro lema para tomar los recursos disponibles y dentro de ellos construir una realidad tangible en la que, sabiéndonos mortales, podamos vivir de alguna manera felices.
Pero no desde luego debe ser excusa para hacer y deshacer a antojo de unos y perjuicio de muchos todo cuanto nos venga en gana. No se trata de represión, sino de responsabilidad. Y creer, que esta generación que poblamos o malpoblamos el mundo podremos cederlo a la siguiente. No solo en cuestión de recursos naturales, sino de vida. La inmadurez en que vivimos, el necio negar el futuro condena a nuestros hijos a nacer en el caos sociológico ya reinante, y serán parte de ello y nunca la solución.
Pero ¿qué puede hacer un solo mortal contra las hordas de iguales que se dirigen en masa hacia el abismo? A fin de cuentas suyo es el mundo al igual que mío. Y tanto derecho tienen a deshacer y hacer como yo. No puedo entonces apropiarme el derecho a elegir por ellos, suya es la decisión. Y si de todas formas ya no tiene remedio, si todo gira en la espiral imparable de acontecimientos nadie vive. "Nadie nos espera. Nadie nos persigue. Disfrutemos sin prisa de la idiotez mortal. Si todo da igual, llamemos divino, contra la entropía, lo provisional."

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