...Se giró, en su mirada sólo había lágrimas. Aún tras la expresión de profunda decepción se escondía una hermosura impropia de lo humano. El cabello suelto agitado por el viento, el cuerpo fino estremecido por el frío. Fijó su vista en mí un último momento, como si quisiera retener ese instante, negó con la cabeza y después reemprendió el camino a donde nunca podría seguirla.
Comenzó a caer una suave lluvia. Yo apenas podía moverme, la situación me había desbordado por completo. De pronto sentí una fuerte punzada en el pecho, un dolor palpitante en el brazo y caí al suelo, lo último que ví fue a ella girarse una vez más...
Abrí los ojos. Me dolía todo el cuerpo, no tenía ni idea de dónde estaba, era una habitación de hospital, eso seguro. Estaba solo, la cama de al lado vacía, la persiana entre abierta. Oí el rechinar de la puerta, entró un hombre con bata blanca, me miró y llamó a una enfermera. Después mantuvo una breve conversación conmigo, sobre mi estado etc... pero mencionó a alguien que había estado conmigo en la habitación. Entonces entró ella, su cara estaba desencajada, muy cambiada, unas ojeras ennegrecidas de cansancio y lágrimas transformaban su hermosa cara, aunque sin dejar de ser bella. Cambió unas palabras con el médico y luego éste se marchó.
Se acercó a mí, me dio un beso en la frente y se marchó, tenía un reflejo en la mirada, quizá de alivio. Después me volví a dormir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario